Mini-Super-Martes

Super Tuesday

“Estas son las elecciones presidenciales más extrañas que he visto en mucho tiempo”. Ese es el comentario que escucho decir una y otra vez, con mínimas variantes, a mis amigos norteamericanos. Llegó, y pasó, Super Martes —pero no se ha alterado significativamente esa extraña y sorprendente dinámica que se ha apoderado de la campaña presidencial 2016.

Para mis paisanos despistados, quizás hay que aclarar que el término Super Martes no se refiere a ese popular concurso televisivo de los noventa que presentaba en la Televisión de Galicia el incombustible Xosé Manuel Piñeiro. (Aunque, sea dicho de paso, estas elecciones presidenciales estén teniendo mucho de espectáculo televisivo y estén produciendo a los que las seguimos cotas de entretenimiento superiores a un concurso de tele-realidad.)

El “Super Tuesday” hace referencia a un martes a principios de febrero o de marzo en un año de elecciones presidenciales, en que el mayor número de estados celebran las elecciones primarias para elegir a los delegados que van a acudir a las convenciones nacionales del verano en las que se eligen a los candidatos presidenciales de los partidos demócrata y republicano.

Aunque este año, y dada la representación de estados que han votado, más bien se le debería haber llamado el “Mini-Super-Martes”, o el “Super Martecito”. Allá por 2008, cuando un semi-desconocido llamado Barack Obama se colaba de rondón camino de la nominación demócrata, el 5 de febrero votaron 24 estados, decidiendo el 52% de los delegados totales en el campo demócrata, y el 41% de los delegados republicanos. Este año, hubo primarias en “apenas” 13 estados, asignando el 24% de los delegados totales republicanos (e incluso un porcentaje menor de los demócratas).

Así que si bien el Super Martes tradicionalmente es decisivo, este año ha sido importante pero ha dejado casi todo en vilo a la espera de la siguiente tanda de primarias (empezando con Michigan ya mañana mismo). En el campo republicano, pese a la sólida victoria de Trump, ninguno de los otros tres candidatos que le siguen (Cruz, Rubio y Kasich) han decidido tirar la toalla  y retirarse de la carrera presidencial. Algo extraño, dado que todos los síntomas y encuestas apuntan a la ascendencia imparable de Trump —por mucho que eso le reviente a la élite del partido republicano y a su portavoz extraoficial Mitt Romney.

En el campo demócrata, parece que el efecto Bernie se desinfla. Bernie sigue luchando y plantando batalla. pero la maquinaria política de los Clinton es imparable. Y la escasa popularidad de Bernie entre el electorado hispano y negro hace casi impensable que pueda abrochar la nominación presidencial. Pero aún así él sigue: con 40 millones en el banco, recaudados apenas durante el mes de febrero y mediante pequeñas donaciones de su base militante, Bernie asegura que no dejará la campaña hasta que el último estado vote, independientemente de las pocas posibilidades objetivas que tiene de alcanzar la nominación.

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