El mal Trump

Trump es un agudísimo dolor de espalda para los Estados Unidos. Los que sufran ciática, como yo, lo entenderán enseguida. La ciática, nos dicen los médicos, es un síntoma, una reacción —no una enfermedad en sí. Una consecuencia, más que una causa. Lo mismo le sucede a los Estados Unidos: Trump es la ciática de América, la manifestación de problemas ocultos más graves.

Un síntoma de que existe un universo paralelo virtual en el que viven millones de norteamericanos, que ven y entienden el mundo a través del plasma catódico y de los medios de comunicación de masas. (La explosión total de cadenas como Bravo o Lifetime es una prueba más de este hecho.) Trump cimienta su éxito en su popularidad y su dominio del medio televisivo. Sus aparaciones, como han señalado multitud de analistas, no pertenecen propiamente a la esfera de la política —más bien son un híbrido, en la confluencia de universos dispares: Hollywood, la Tele-Realidad, la vida pública.

Un síntoma de que la sustancia y el contenido no son elementos fundamentales en la alquimia política contemporánea norteamericana (y más si cabe en periodo de campaña presidencial). Esto se sabía. Mas el pobre nivel retórico del discurso poĺitico de Trump, la falta de profundidad de sus ideas y ausencia de alcance intelectual, lo corroboran.

Un síntoma de que el bipartidismo es un marco operativo que se le está quedando pequeño a la realidad ideológica y cultural de los Estados Unidos. De ahí el caos y la confusión en el seno del partido republicano. Lo comentó el otro día con acierto el director de la campaña presidencial de McCain en el pasado, Steve Schmidt: “Los dos partidos son vehículos para el avance de la democracia; pero ellos mismos en sí no son instituciones democráticas”.

Un síntoma de que una gran parte del país está muy cabreada, descontenta, desilusionada. Se siente vejada, despreciada, engañada, abandonada por las élitas políticas de Washington. Trump no es más que el vehículo que canaliza tal frustración —como el músculo ciático canaliza el dolor desde la base de la espalda hasta la planta del pie, a través de toda la longitud de la pierna.

Así que ahora el país se lleva las manos a la cadera, preguntándose que le aqueja, intentando controlar y aliviar el dolor. Ya sé lo que están pensando algunos: que mi diagnóstico es incorrecto, que esto es más grave —que Trump no es un simple dolor de espalda, que es un cáncer. Pero para mí, el impacto de la campaña de Trump no llega a tanto: es el síntoma de una hernia discal, o de un pinzamiento lumbar… Por ahora.

 

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