Trump y el fracaso de la reforma sanitaria

[Artículo publicado en La Voz de Galicia el miércoles 5 de abril]

¿Afecta a la credibilidad de Trump-presidente la debacle republicana en la reforma de la ley sanitaria? ¿Fue nada más “culpa de Trump” que la ley no se aprobase? Por supuesto, los titulares de los medios de comunicación de izquierdas se regodean de que el “negociador-jefe” haya fracasado en su primer gran envite como legislador.

El proyecto de ley, como el proceso político que lo condenó, era complejo. Recordemos que los republicanos tienen mayoría en el congreso: con que sus diputados hubiesen votado a favor, la cosa estaba hecha —y la primera gran medida de la era Trump, aprobada. Pero algunos ultra-conservadores querían una reforma aún más radical. Otros más moderados, bajo presión de los votantes en sus distritos, satisfechos con la cobertura sanitaria ofrecida por Obamacare, preferían simplemente mejorar y parchear los defectos de esta ley. Eso no es culpa de Trump.

Lo que sí parece ser culpa de Trump es haber delegado por completo la ejecución de este proceso en manos del líder republicano del congreso Paul Ryan, y el haber prestado su apoyo incondicional a un proyecto de ley claramente imperfecto e impopular. (Oscilaba en cotas de aprobación de entre el 18 y el 22% en las encuestas.)

Algunos críticos añaden que también es responsabilidad de Trump el desconocimiento e ignorancia que exhibió sobre este proyecto de ley y todo el proceso de reforma sanitaria (en general) durante la negociación, según filtraciones de los propios diputados republicanos que asistieron a las reuniones. Trump parece ser alérgico al análisis detallado, a la lectura de documentos técnicos que lo eduquen en materia legislativa.

Por último, se comenta, es sorprendente la vagancia y facilidad con la que ha abandonado una propuesta que –no lo olvidemos— fue una de las promesas clave de su campaña: “Vamos a eliminar y reemplazar Obamacare el primer día en el gobierno”, se cansó de decir. Durante 18 días Trump intentó que se aprobase esta ley; Obama se pasó 18 meses negociando por aprobar la suya.

Gobernar no tiene nada que ver con prometer milagros en mítines multitudinarios. La pérdida de credibilidad de Trump viene de su evidente falta de preparación, de su incapacidad para “vender” a los congresistas republicanos (y el resto del país) una medida compleja y de gran calado, como es toda una reforma del sistema de salud.

“Los ataques a su credibilidad están erosionando la confianza y la fe en Trump”, afirmó David Gergen, catedrático de Harvard y consejero presidencial en las administraciones Nixon, Ford, Reagan y Clinton. “Así que sale tocado de esta catástrofe, como presidente. No es la misma persona, ya no provoca la misma admiración y respeto que cuando empezó su mandato”.

Para reponerse, Trump pretende pasar a la reforma fiscal. Su objetivo era ofrecer un recorte masivo de impuestos a corporaciones e individuos con el gasto que se suponía iba a ahorrar al eliminar Obamacare. Está por ver de dónde sacará el dinero ahora.

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